Storm Victory - Enamorada De Una Estrella
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Dejó los documentos del deceso sobre la mesa. Deseaba hablar con Chris, pero Emily nunca lo dejaba solo y sus móviles siempre sonaban frenéticamente, así que era imposible para ella ir más allá de la cortesía.
―Gracias por todo lo que hiciste por mi abuelo. Habló de ti antes de… ―le susurró Chris después de que ella se despidiera.
Un nudo en la garganta le bloqueó el aliento mientras intentaba no perderse en esos ojos llorosos y sufrientes, siempre tan hermosos.
―Yo quería a tu abuelo.
Una semana después del entierro, Rose y la madre de Leny decidieron organizar una cena para volver a estar todos juntos, como antes.
―¡Dios mío, no recordaba lo pequeña que es esta casa! Esta cocina es como el baño de la suite del Hotel Richmond en Nueva York donde estuve mes pasado ―comenzó Emily, después de haber comprobado en detalle la cantidad de grasas que comería durante la cena―. Tía, ¿cómo puedes vivir aquí con Leny? ¿No es demasiado pequeño para dos personas?
―Pero Leny ya no vive aquí. Tiene su propia casa en la ciudad. Sin embargo, me gusta una casa pequeña, así no nos perdemos.
―Por supuesto, como nos pasó a mamá y a mí en la nueva villa que compré. Tiene cuatro pisos y veinte dormitorios que se abren a un jardín maravilloso ―se rio Emily sirviéndose ensalada sin aderezo.
En esos días que pasaron juntas, Leny se dio cuenta en seguida cómo el mundo del cine y la fama habían hecho cambiar a su prima. Aunque la amaba y estaba orgullosa de su éxito, no podía evitar sentir rechazo ante su nuevo lado esnob.
Si su prima supiera que pronto iba a perder la casa también…
No, todavía tenía orgullo y dignidad y haría todo lo posible para evitar la compasión de los demás por sus desgracias.
Si al principio había pensado en abrirle su corazón a Emily, ahora estaba segura de que no quería encarnar la figura de la pobre chica de campo.
―Leny trabaja en el bufete de abogados de Andrew Marshall. ¡Ha tenido suerte! Ya sabes, con esta crisis, encontrar trabajo es muy difícil ―continuó elogiándola su madre, haciendo que se agobiara y se sintiera como un gato en un tejado de hojalata caliente.
―Leny, ¿eres abogada? ―dijo Emily sorprendida.
―No, es secretaria ―la corrigió Claire, la madre de Leny, antes de que su hija pudiera abrir la boca.
―¿Andrew, el hijo del amigo de mi abuelo? ―intervino Chris, volviéndose directamente hacia Leny, después de haber guardado religioso silencio hasta entonces.
―Sí ―le dijo la joven, levantándose de inmediato para ir a la cocina―. Voy a revisar el pavo en el horno―. ¿Cómo podía mentirle a esos ojos… a Chris? Sintió que le temblaban las manos.
Empezó a respirar y a rezar hasta que la conversación cambió de tema.
Mientras giraba la carne y comprobaba la cocción de las patatas, Leny suspiró aliviada: Emily finalmente había empezado a contar sus aventuras en el plató y la posibilidad de trabajar en una nueva película en la que interpretaría el papel de Catwoman, la protagonista.
―¡Puedes entender eso! ¡Podría interpretar a la heroína! Y lo que es más, ¡trabajaría con John Mess! Dios mío, ¡lo estoy deseando! ―exclamó Emily, emocionada, mientras Leny se sentaba de nuevo tratando de mantener los ojos en su prima y concentrarse en lo que decía.
Fingió no darse cuenta de la mirada dolida y ofendida de Chris. Su corazón quería pedir perdón, pero el sentimiento de culpa la paralizó.
Incluso cuando él la ayudó a limpiar la mesa y a cargar el lavaplatos, como hacían cuando eran niños, no pudo mirarle a la cara.
―Gracias ―murmuró, con el corazón a mil pulsaciones, cuando él le quitó los últimos platos de las manos para enjuagarlos en el fregadero.
Sus dedos se rozaron por un momento, haciendo que el cerebro de Leny cortocircuitara.
―¿Pasa algo malo? ―preguntó él, de pronto.
―No, todo está bien ―contestó ella apresuradamente mientras terminaba de limpiar la cocina.
Cuando eran niños, ella solía contarle todo. Él era el único a quien ella podía abrir su corazón, y ahora la idea de mentirle le hacía sentirse miserable.
―¿He hecho algo…?
―No, para nada. Solo estoy cansada ―dijo Leny en voz demasiado alta debido a la tensión.
Afortunadamente, Emily acudió en su ayuda, llevándose a Chris y dejándola así respirar tranquila al fin.
Aprovechó la distracción de todos para despedirse y huir de allí.
En cuanto se subió al coche, volvió a sentirse al borde del abismo.
Se estaba dejando abrumar por la tristeza, cuando oyó que alguien golpeaba la ventanilla del coche.
Asustada, se frotó los ojos y trató de concentrarse en la silueta que sobresalía en la oscuridad.
Chris estaba allí, mirándola con preocupación.
Ella abrió la ventana.
―¿Está todo bien?
―Claro ―contestó ella sonriendo débilmente―. ¿Necesitas algo?
Por un momento, Chris se quedó mirándola fijamente, indeciso, y luego suspiró.
―Solo quería que le dijeras hola y gracias a Andrew Marshall y a su padre de mi parte, por todo lo que han hecho por mi abuelo.
Ella no se atrevió a decirle que no veía a Andrew desde hacía un mes, así que asintió con la cabeza y se despidió.
Solo cuando llegó a su casa, o mejor dicho, a la casa que debía considerar suya pero ya no reconocía, porque ya no había nada que probara que estaba habitada, se dejó caer en su cama, donde empezó a rezar a Arthur para que la ayudara.
3
Leny se quedó consternada y fue de mal en peor hasta el sábado siguiente.
Tuvo tres entrevistas de trabajo esa semana y no ninguna salió bien: la pastelería Sweety Sweety la consideró demasiado cualificada para el trabajo de dependienta, mientras que para el bufete de abogados de William Jerks, era demasiado poco competente, aunque hubiera estado trabajando en el mismo puesto en otro bufete durante los últimos cuatro años.
Buscando un vestido para la reunión con algunos amigos de la escuela secundaria y Emily, Leny se dio cuenta de que solo dos de los cientos de vestidos que Emily le había enviado equivalían a su salario.
Debería empezar a ser más práctica y vender ropa en Ebay.
De hecho, la mayoría de ellos eran tan sofisticados y provocativos que nunca se atrevería a llevarlos en público.
Exasperada, finalmente eligió un vestido negro ajustado con pedrería strass y un par de zapatos muy bonitos. Regalo de Emily.
Se maquilló con mucho cuidado, repitiéndose a sí misma que no lo hacía solo para estar más guapa a ojos de Chris.
La reunión fue en el pub de la ciudad. Emily iba con Chris y llegarían en su coche.
Se miró a sí misma una vez más antes de irse, bastante satisfecha con su imagen.
El corrector cubría las sombras bajo sus ojos y el colorete ocultaba perfectamente la palidez y la tensión de su rostro.
Se subió al auto tratando de sonreír y deseando que todo saliera bien.
Ella sabía que todas las personas que estarían, incluyendo a Sheila, Brad y Tom, seguían siendo sus amigos más por su relación con Emily que por cualquier otra cosa, pero esperaba que no la ignoraran completamente ahora que su prima había vuelto.
Se esforzaba por sonreír y estar alegre.
No quería mostrar a Chris que seguía siendo la chica tímida y silenciosa que solía ser.
Con paso firme se subió al coche, pero en cuanto giró la llave, el coche hizo un extraño ruido sordo que terminó con un golpeteo y luego… silencio.
Intentó hacerlo arrancar, pero no pudo.
Lo intentó una y otra vez.
Nada.
El coche no daba señales de vida… como todo lo demás.
No pudo evitar gritar con toda su rabia y frustración.
Después de haber ventilado bien su rabia golpeando el volante hasta que le dolieron las manos, Leny decidió contarle a Emily lo que había pasado.
―Por favor, debes venir. ¡Estoy sola! ¡Chris me ha dejado plantada! Por favor… ―le suplicó como si no fuese ya el centro de atención de todo el pub.
―Ok, tomaré un taxi ―se rindió Leny, tratando de calcular cuánto le costaría esa noche: el taxi, la reparación del coche y, finalmente, el pub.
No se podía permitir todo eso, así que decidió ir en taxi solo hasta la mitad del trayecto y se prometió a sí misma que no tomaría más de un trago… o no podría pagar la siguiente letra del coche.
Veinte minutos después con esos zapatos asesinos, se dio cuenta de que quería darle la vuelta a sus buenas intenciones.
Le dolían los pies y necesitaría algo más que un trago si quería superar la noche y soportar el dolor, pero sobre todo para enfrentarse a la conversación que hacía reír a todo el mundo cuando llegó.
―¿Con Ethan? ¡No puedo creerlo! ―Emily estalló a carcajadas.
―Sí, estaba tan borracha que al día siguiente nos preguntó si había pasado algo ―dijo Sheila, divertida.
Leny sintió que se moría: hablaban del día en que perdió la virginidad. Aquel recuerdo era suficiente para provocarle una náusea capaz de hacerla sentir enferma de inmediato.
Nunca olvidaría el día después de la fiesta de despedida del instituto, cuando se levantó sintiendo dolor en todas partes y con el pelo embarrado y lleno de hierba.
Nunca antes había sentido ese dolor en sus muslos, por lo que inmediatamente comprendió que alguien se había aprovechado de ella.
Después de un tiempo se dio cuenta de que fue Ethan, pero cuando expresó sus temores de haber sido violada, todos le dijeron que estaba borracha, aunque ella siempre dijo que quería perder la virginidad con el hombre de su vida.
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